Entre lo que se quiere y se pueda
Por Julio Brito A. - Riesgos y Rendimientos / La Crónica
Se pueden publicar normas que fijen estándares muy estrictos para el control de emisiones. Sin embargo, el problema no está en la normas sino en la infraestructura para cumplirlas.
Aug 8, 2009 - 7:53:18 PM
(4 de agosto).- Adrián Fernández, no nos referimos al corredor de autos, sino al director del Instituto Nacional de Ecología, señaló que se fijarán estándares de eficiencia en el consumo de combustible para automóviles nuevos, dentro de sus esfuerzos para limitar las emisiones de gases de invernadero, una acción loable, pero falta de infraestructura.
Comentó Fernández que el gobierno analiza actualmente qué tipo de medidas adoptará pero se está inclinando hacia un plan que sería similar al propuesto en Estados Unidos. "La norma nos va a dar tanto ahorro de la importación de gasolinas como (tener una) nueva refinería", dijo Fernández. Lo peor es que el INE es uno de los principales organismos en diseño de políticas ambientales del gobierno mexicano.
Sin lugar a dudas que los deseos, intenciones y objetivos que expuso Fernández no inventan el hilo negro. Quién no desea una norma que disminuya la emisión de gases. Quién no quiere un medio ambiente más sano. El problema radica en lo que uno puede alcanzar.
Desde hace mucho tiempo la industria automotriz mexicana envía más de un millón de automóviles al año al mercado de Estados Unidos y allá las normas son estrictas, aunque hay que decir que no en todas las regiones. En el estado de California las medidas son extremas y consideradas ejemplo en el mundo, pero debe de contarse con una infraestructura para alcanzar esos objetivo.
Así que el señor Fernández debe ser más claro al señalar que vamos a igualar las normas a la de Estados Unidos. Hay muchas normas y algunas extraordinariamente laxas, porque su parque vehicular no representa un peligro evidente a su población. En California y especialmente en Los Ángeles debieron tomarse medidas extremas porque el estado estaba al borde del colapso ambiental.
El problema de las emisión de gases, dice la industria, depende directamente de Petróleos Mexicanos, única entidad en México que puede vender gasolina. Recordemos que hay de dos tipos: la magna y la premium. La primera y que más se consume emite un mayor número de partículas, pero no es culpa de los motores o su manufactura, sino el tipo de combustibles.
En diesel ni se diga. Recuerdo un caso de la Touareg de Volkswagen, que sufrió las de Caín porque el combustible traía más particular que arena en el mar. Debieron desmontar varios sistemas de filtración, entre ellas una uretra, porque se tapaba y no dejaba pasar el diesel. El mal está ahí no en los motores. Desde esta columna le recordaremos al señor Fernández, que como dice el poeta "uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser".
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