Inundaciones y alteraciones climáticas
Por Vinod Thomas / Reforma
Las inundaciones y deslizamientos observados en el este y el sur de México o la peligrosa crecida del río Mississippi en Estados Unidos, entre otros acontecimientos, son señales de que la incidencia y ferocidad de estos fenómenos a nivel mundial va en aumento. Si no se aplican medidas oportunas, estas condiciones climáticas inusualmente extremas pueden poner en peligro todo lo avanzado
Jun 24, 2011 - 11:16:31 PM
Las inundaciones y los vendavales en especial están vinculados con el cambio climático, y la cantidad de inundaciones y tormentas con resultados desastrosos se ha triplicado durante los últimos tres decenios. Las precipitaciones torrenciales aumentaron abruptamente en los últimos 50 años en todo el planeta.
Los científicos nos han advertido de la conexión entre las condiciones climáticas extremas, el calentamiento de la Tierra y las emisiones contaminantes. Estudios recientes indican que el cambio climático originado por el hombre duplica el riesgo de inundaciones graves, por vínculos entre el incremento de las emisiones de CO2 en la atmósfera, el aumento de la temperatura y el nivel del mar y cambios en las precipitaciones.
A raíz de los recientes desastres, varios líderes han manifestado que no se puede controlar cuándo o dónde se producirán, pero se pueden controlar los mecanismos de respuesta. El huracán Katrina, en Estados Unidos, dejó claro el costo de no responder a tiempo. Pero los desastres relacionados con el agua han aumentado tanto que las iniciativas de alivio rápido no serán suficientes.
Adicionalmente, debemos tomar medidas para prevenir y mitigar estos desastres. Ante todo, eso implica desacelerar el ritmo del cambio climático. Llevará tiempo, pero es imperativo hacerlo.
La clave es reducir los gases de efecto invernadero, en especial orientándose hacia una economía con bajas emisiones de carbono. Los precios de la energía deben reflejar el daño provocado por las emisiones, especialmente en países que hacen uso intensivo de la energía, como Estados Unidos. Y promover la eficiencia energética retrasa la necesidad de crear más plantas de combustibles fósiles y da más tiempo para que las energías eólica y solar sean más competitivas. Sería beneficioso aumentar las inversiones en crecimiento ecológico, como están intentando Corea del Sur, China y México.
Es hora de eliminar los subsidios que supuestamente estimulan el crecimiento, incluidas subvenciones agrícolas por US$150,000 millones anuales y los subsidios a los combustibles fósiles de US$650,000 millones al año, que fomentan las emisiones y el uso intensivo de la energía. Otras medidas pueden aumentar la absorción de los gases de efecto invernadero, como las inversiones en bosques protegidos, que son una defensa contra la deforestación que causa una sexta parte del total de emisiones.
La prevención también implica protección ambiental. Los humedales protegen contra inundaciones, pero la mitad -desde Australia e Indonesia hasta Estados Unidos y México- desapareció en el siglo pasado. La reducción de la superficie de los bosques ha disminuido la protección contra inundaciones y deslizamientos.
Las políticas de vivienda también son parte de la respuesta, y son asuntos de vida o muerte. Cada vez más personas viven en zonas de riesgo, sea a la orilla de ríos propensos a las inundaciones en Estados Unidos o en las laderas de las colinas de Rio de Janeiro expuestas a deslizamientos de tierra. Vale la pena asegurarse de que funcionen los diques y embalses, reubicar a las poblaciones asentadas en zonas propensas a inundaciones y promover la construcción de viviendas con hormigón armado, bloques de hormigón ligero o ladrillos cocidos.
Por último, la prevención implica invertir en sistemas de alerta temprana, que funcionaron relativamente bien en Japón y en Estados Unidos durante los últimos desastres. Las inversiones que realizan Brasil y México en estos sistemas son muy oportunas.
Ya no podemos responder a las amenazas de la naturaleza solo con limpieza y reconstrucción. El cambio climático nos enfrenta a una dimensión magnificada de los fenómenos climáticos que exige más medidas preventivas. Aunque sea difícil reunir la voluntad política para hacerlo, debemos invertir en la protección del medio ambiente, la desaceleración del cambio climático, el control del desarrollo y el mejoramiento de los sistemas de alerta. Solo así podremos atenuar la furia y la devastación de estos eventos naturales.
El autor es el director general del Grupo de Evaluación Independiente del Grupo del Banco Mundial.

