Palabras y hechos -después de Fukushima-
Por Eva van den Berg
La energía nuclear ha sido siempre un tema de discusión recurrente, y ahora mucho más, lógicamente, después del desastre de Fukushima. "Está a favor de las nucleares?", nos plantean desde los diarios. "Nucleares sí o nucleares no?", nos invitan a debatir desde la televisión. Es usual que el debate genere dos frentes encarnizadamente confrontados, y que los argumentos de unos y otros suelan obviar la que, en mi opinión, es la cuestión esencial. "Estamos dispuestos a disminuir drásticamente nuestro consumo de energía?". Sólo si la respuesta es afirmativa estaremos en disposición de decir no a según qué
May 30, 2011 - 4:26:03 PM
Hablar hoy de la energía nuclear no es lo mismo que hacerlo 50 años atrás, cuando aún no se palpaba la relevancia del fin del petróleo barato o del calentamiento global. Pero el escenario cambió hace tiempo y con la constatación de la crisis energética la industria nuclear dejó de estar en stand-by y captó una oportunidad para remontar. Los accidentes de la central de Three Mile Island, en Pensilvania (marzo del 79) y también de la de Chernóbil, en Ucrania (abril del 86) quedaban suficientemente lejos en el imaginario colectivo y el cliente potencial era una sociedad global dependiente de un petróleo cada vez más escaso y difícil de extraer. Una sociedad tan preocupada por la seguridad del suministro energético ... , de verdad podía renunciar a una fuente que, en este contexto, parecía tener más pros que contras?
Sin embargo, el terremoto y posterior tsunami que asolaron el noreste de Japón el pasado 11 de marzo dieron la vuelta otra vez la percepción mundial hacia esta energía. Las opiniones de la sociedad a menudo van a remolque de las catástrofes y, siguiendo el "barómetro de la audiencia", ahora el futuro de la industria nuclear vuelve a ser bastante oscuro. Los gobiernos se han echado atrás respecto a ciertos proyectos apalabrados y los líderes de los países nuclearizados han apresurado a decir a los medios que están revisando sus instalaciones a fondo. (... como es que no lo habían hecho todavía?)
Con las sobrecogedoras imágenes de los destrozos causados por una naturaleza desbocada aún presentes en nuestros cerebros, no tenemos ninguna duda: la energía nuclear nos vuelve a hacer mucho miedo. ¿Pero, hasta cuándo? No hay indicios, me parece, de que la gente esté dispuesta a renunciar voluntariamente a un estilo de vida que se sostiene gracias a un elevadísimo consumo energético. Ciertamente, parece que es tecnológicamente posible transitar hacia un modelo energético "descarbonizado", que apueste seriamente por las renovables y disminuya radicalmente el consumo de combustibles fósiles. Pero hay estudios que indican que será una transición lentísima, de medio siglo de recorrido. Todo indica que será necesario combinar todas las energías a nuestro alcance mientras no tendamos a una deserción masiva de este modelo social ultradimensionado en que vivimos los países desarrollados y ... al que ya se están sumando los nuevos ricos de los países emergentes.
Para muchos, el cambio de modus vivendis ya se está imponiendo a la fuerza, pero para otros, el todo terreno, la casa en la playa y en la montaña, la piscina y la calefacción a todo trapo, además de dos vuelos anuales transoceánicos a poder ser low-cost, son derechos inalienables. Para posicionarse a favor de un modelo energético concreto, sería conveniente que primero decidiéramos si estamos dispuestos a vivir de un modo consecuente.

