Premio Ambiental Goldman: México
México ha tenido galardonados desde 1996. La protección, conservación y restauración del medio ambiente han sido las razones. Los esfuerzos de estos mexicanos son un claro ejemplo de convicción.
Jan 16, 2010 - 9:02:14 PM
Richard N. Goldman y su finada esposa Rhoda H. Goldman (1924-1996), líderes cívicos y filántropos de San Francisco, establecieron en 1990 el Premio Ambiental Goldman. El premio consiste en honrar cada año a héroes populares de la ecología en cada una de las seis regiones continentales habitadas del mundo: África, Asia, Europa, Islas y Naciones Isleñas, Norteamérica, y Sur y Centroamérica.
Se rinde homenaje a quienes han venido realizando una constante e importante labor para proteger y mejorar el ambiente natural. Frecuentemente dedican sus esfuerzos a la protección de ecosistemas y especies en peligro, combatir proyectos destructivos de desarrollo, promover la sostenibilidad medioambiental, influir en la elaboración de normas protectoras del medio ambiente y luchar por la justicia ecológica. Con frecuencia el premio se ha otorgado a mujeres y hombres de aldeas remotas o barrios urbanos pobres que decidieron asumir grandes riesgos personales para proteger el medio ambiente.
El Premio Goldman amplifica las voces de estos líderes populares al ofrecerles:
• Reconocimiento internacional, lo cual les da mayor credibilidad
• Visibilidad mundial a las causas que defienden
• Apoyo financiero para que puedan seguir trabajando en aras de la renovación y protección del medio ambiente
• Estatuilla de bronce que lleva el nombre de Ouroboros (es una serpiente que se muerde su propia cola, simbolizando la capacidad renovadora de la naturaleza)
La historia de México en los Premios Goldman viene desde 1996 el galardonado Edwin Bustillo un ingeniero agrícola, decidido a crear una reserva de biosfera de 1,3 millones hectáreas en la Sierra Madre para proteger tanto a los ecosistemas altamente en peligro de extinción y 12 de la Tarahumara y comunidades indígenas tepehuanes que han vivido en las montañas durante dos mil años.
En el año 2000 el Premio Goldman se le otorgó a Rodolfo Montiel Flores. A mediados de los 90´s Montiel y sus colegas formaron Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán en el estado de Guerrero porque multinacionales madereras comenzaron a comprar los registros de los ejidos. Alarmada por los efectos devastadores de la tala desenfrenada de su región comenzó a organizar a otros campesinos en las comunidades aledañas para protestar por la voraz explotación forestal.
En el 2005 el galardonado fue Isidro Baldenegro López, de 38 años, un agricultor de subsistencia y líder de la comunidad de indígenas de la región Tarahumara. Ha pasado gran parte de su vida la defensa de los bosques antiguos de la devastadora tala en una región desgarrada por la violencia, la corrupción y el tráfico de drogas. Desde que los españoles invadieron México en busca de metales preciosos, los tarahumaras y otros pueblos indígenas han buscado refugio en los valles de montaña remotas. Hoy en día, los madereros y ganaderos buscan madera y tierra a cualquier costo, lo que obligó a muchas personas a huir y la destrucción de la gran mayoría de los bosques de edad madura. De hecho, el 99 por ciento de la región de los bosques de edad han sido talados. Los esfuerzos de Baldenegro han hecho de él un héroe nacional e internacional.
2008 Jesús León Santos recibió el Premio Goldman, un campesino indígena de 42 años que ha estado realizando, en los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca. Cuando tenía 18 años, decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la "tierra del sol". Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.
Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en
zonas de cultivo y arboladas.
¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión.
En esa región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia y deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.
Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras
vivas para impedir la huida de la tierra fértil.
Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.
Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria.
Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región. Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía. Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente. Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido.
Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra. Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación.
Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente. Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.
El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.
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Comentarios Recientes
Rocio Rosas
2010-06-18
Qué orgullo!!! es un ejemplo de dedicación y espíritu de superación, una persona visionaria que supo como superar una circunstancia adversa como la sequía de la región, me da mucho gusto que comunidades vecinas lo estén llevando a cabo también, aunque también da tristeza que mientras tenemos un escándalo de corrupción en PROARBOL, la sociedad nos tengamos que valer de nuestros propios recursos para salir adelante en cualquier empresa. Que no sea el último premio!

