¿Realmente comprendemos la relación entre medio ambiente y desarrollo?
Por José Sosa / La Crónica
Es indiscutible que la relación entre medio ambiente y desarrollo ocupa un lugar central en los debates contemporáneos que más importan a gobiernos, organizaciones civiles y ciudadanos. Sin embargo, también es cierto que la gran complejidad que plantea hace difícil, si no imposible, responder de manera sencilla a los múltiples cuestionamientos y tensiones que se dan entre las necesidades humanas y los procesos que sustentan la vida en el planeta
Aug 14, 2011 - 4:44:50 PM
Entre el 4 y el 8 de julio de este 2011, se llevó a cabo en la ciudad de La Habana la VIII Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo, con el lema por el respeto y los derechos de nuestra tierra. Esta reunión de carácter científico se ha destacado, desde sus primeras ediciones, por reunir a la mayoría de las posturas académicas, sociales e institucionales sobre los desafíos que implica la expansión económica e industrial frente al evidente deterioro y agotamiento de los recursos naturales.
La reunión de este año tuvo como rasgo particular la presencia y expresión de una serie de actores sociales y de instituciones que permitieron configurar lo que bien podría denominarse como un paradigma emergente. Este paradigma se conformaría a partir de dos ideas principales que, aunque no agotan lo dicho en la convención, sí podrían marcar las acciones y las decisiones que habrán de tomarse en los próximos meses y años.
La primera idea que conforma este paradigma emergente tiene que ver con la superación del debate en torno a si la respuesta a fenómenos tan complejos como el cambio climático es una cuestión multidisciplinaria o interdisciplinaria. Tal superación se configura como un claro reconocimiento al hecho de que ninguna disciplina, o ningún enfoque de política pública —por dominante que sea—, es capaz de ofrecer una visión integrada de los problemas y un conjunto consistente de respuestas. Así, la multidisciplinariedad no parece ser una estrategia adecuada, por las innumerables tensiones y conflictos que derivan de la idea misma de conjugar en un mismo tiempo y en un mismo espacio conocimientos provenientes de diferentes campos y regiones.
La interdisciplinariedad, por su parte, aún cuando es considerada como una estrategia más versátil y dinámica, por las supuestas o evidentes capacidades superiores de adaptación e improvisación, tampoco es capaz de ofrecer el abordaje necesario para afrontar los problemas que derivan del agotamiento de recursos o de la necesidad de implementar procesos de protección o conservación ecológica.
De esta forma, lo que se tiene es una visión en la que el enfoque más propicio es aquel que deriva de la conjugación de tres elementos definidos como fundamentales: conocimiento situacional de los problemas, aplicación alternativa de conocimiento científico, e incorporación sistemática de las opiniones y posturas de los actores involucrados.
La segunda idea que abona a la gestación de este nuevo paradigma ambiental, deriva de lo que tendría que catalogarse como una nueva interacción entre las ciencias naturales y las ciencias humanas. Esto quiere decir que, la tradicional separación entre los temas ambientales, supuestamente atendidos casi de forma exclusiva por las ciencias naturales, y los temas sociales desligados de las cuestiones ecológicas, debe ser considerada completamente artificial e innecesaria.
Así, hoy por hoy y siguiendo lo discutido en las múltiples mesas de trabajo de la Convención, el conocimiento ambiental debe ser tenido como un campo propio y fundamental dentro de casi cualquier área de conocimiento científico, sea este natural o social. En otro sentido, debe considerarse que la comprensión del medio ambiente y de sus estructuras y procesos solo puede ser el resultado de las aportaciones provenientes de ámbitos tan disímbolos como la sociología, las ciencias de la tierra, la economía, la biotecnología y la política científica, por citar algunos ejemplos.
A partir de esta situación, cabe considerar que nuestro entendimiento de la relación entre medio ambiente y desarrollo tendrá que ser un ejercicio más abierto y más plural de lo que ha sido hasta ahora, que evite las demasiado frecuentes posturas sectoriales o disciplinarias que definen los problemas a partir de una sola variable o de una sola disciplina. Por ello, resulta pertinente destacar algunas de las discusiones particulares que tomaron forma durante la convención celebrada hace unos días en Cuba.
Me referiré solamente a las que me parecen más relevantes desde un punto de vista político-administrativo. Para quienes deseen conocer a detalle los resultados generales de la Convención, pueden consultar la brillante relatoría que el Secretario Ejecutivo de la Convención elaboró, y que está disponible en la página electrónica de la Agencia de Medio Ambiente de Cuba.
El primer rasgo a destacar del debate que tuvo lugar en el seno de la Convención es su gran diversidad. La Convención se conformó por la realización simultánea de cinco congresos internacionales, tres coloquios y diversas actividades de divulgación y exposición de carteles y experiencias exitosas. Destaco en especial los trabajos de los congresos de educación ambiental, de áreas protegidas, de gestión ambiental y sobre cambio climático. En todos estos congresos, la dimensión institucional de las políticas y los programas ambientales tuvo una gran relevancia. La centralidad de los arreglos institucionales a la hora de establecerse objetivos de protección y de aprovechamiento sustentable de recursos naturales quedó evidenciada, por las intensas discusiones en torno al tipo de estructuras y al tipo de recursos jurídicos, técnicos y humanos que se requieren para atender problemáticas ambientales específicas.
A la luz de las exposiciones habidas, es inaceptable pensar que nuestros mayores retos ambientales podrán ser superados simplemente a partir de la voluntad políticas de gobiernos, o de la buena disposición que puedan mostrar organizaciones sociales y ciudadanos. Lo que se requiere son diseños institucionales que, de forma muy clara, definan y operen procesos de trabajo que resulten en acciones efectivas de conservación o de aprovechamiento. Institucionalidad y medio ambiente son, por lo tanto, dos variables estrechamente relacionadas. Continuaré con este análisis en mi siguiente colaboración.

