Círculo Verde en Español

OSC’s como Negocio

Por Maite De Larrañaga Monjaraz

Las Organizaciones de la Sociedad Civil deben de empezar a verse más como negocios y menos como filantropía. Su finalidad es ayudar a alguna causa social pero para poder hacerlo necesitan dinero. ¿Cuántas organizaciones más puede subsistir a través de los donativos de empresas importantes como Monte de Piedad, Coca Cola y Bimbo?

La sociedad civil representa un universo heterogéneo de organizaciones sociales no gubernamentales, que abordan diferentes demandas y necesidades sociales encaminadas a alcanzar el bien común.

A pesar de que las Asociaciones Civiles pueden bajar recursos del gobierno, en México más del 80% de los  recursos con los que trabajan las asociaciones son autogenerados (provienen de sus miembros, aportaciones voluntarias, venta de materiales y prestaciones de servicios); el financiamiento público representa únicamente el 8% y las donaciones filantrópicas el 6.5%. En otras partes del mundo las asociaciones financian el 11% de sus actividades con fondos privados y hasta el 40%  con recursos públicos.

Las asociaciones civiles pueden recibir ingresos de actividades comerciales siempre y cuando no sea su principal ingreso o sean complemento necesario de una actividad estatutaria o sea un ingreso accidental o esporádico. Si los ingresos se originan mayoritariamente de actividades lucrativas, este sería causal suficiente para que la IGJ le cancele la personería jurídica y esto implica el fin de la identidad.

El CEMEFI reporta la existencia de 10 mil 890 OSC en México aproximadamente ya que muchas de ellas no se registran en esta base y no están obligadas a reportar su disolución.

Si pretendemos que estás 11 mil OSC financien el 80% de sus recursos pidiendo donativos a las mismas empresas “millonarias” y/o a personas “filantrópicas” con deseos de ayudar a la sociedad, debemos de tomar en cuenta que en México en el 2010 éramos 112 336 538 personas y solo 5,294 mil hogares son de clase social alta o media alta y que de esas cabezas de familia, un porcentaje muy bajo (supongamos que el 20%) tiene interés en las causas filantrópicas (ya sea a través de su empresa o de manera personal); esto quiere decir que en 1,060 cabezas de familia está la responsabilidad de mantener el 80% de los recursos de 11 mil OSC.

Muchas de las OSC existentes todavía no cuentan con los recursos legales, financieros y humanos que les permitan administrarse de manera eficiente y permanecer. Sin embargo si actuaran como empresas (manteniendo el fin no-lucrativo e invirtiendo todas sus ganancias en la asociación), buscarían la manera de crear bienes o servicios, referentes a la causa social a la que están atacando, que satisficieran las necesidades de sus benefactores, obteniendo así los recursos que necesitan y participando en el mercado económico.

Otro factor que limita el desarrollo institucional de las OSC es el personal poco profesionalizado, además de la endeble capacidad de las OSC para procurarse recursos. Muchas de las personas que crean OSC lo hacen por pasión y no necesariamente lo hace bien porque no saben como. No contratan personas especializadas porque no cuentan con los recursos para pagarles y la constituyen mal, sobreviviendo el tiempo que pueden hasta que no tienen como mantenerla más.

Para que la organización funcione bien se debe de contratar a profesionales y se les debe de pagar como profesionales. Actualmente únicamente el 20% de los recursos de las OSC se pueden ir a pagar los gastos administrativos. Esto ocasiona que se paguen sueldos muy bajos a profesionales a quienes se les exige estudios de maestría y experiencia de más de 5 años. Estas personas deben de mantener su calidad de vida y para eso deben de ganar lo mismo que ganarían en empresas comerciales del tamaño de la OSC correspondiente.

Para lograr todo esto se debe de modificar la cultura. Que una OSC genere buenos ingresos no quiere decir que pierda su misión filantrópica, simplemente quiere decir que para lograr las cosas se necesita dinero y para contratar profesionales se les debe de pagar bien.

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Maite Larranaga

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